Perfil y realidad familiar de los matrimonios actuales.
Nadie puede asegurar la subsistencia de la familia y el matrimonio como entidades en un siglo XXI desvalorizado socialmente. Las catástrofes son muchas, tanto que el entorno se ve susceptible ante tanto embrollo.
Como base fundamental de la sociedad tiende a ser la formación del futuro de una persona, una fortaleza moral, y el impulso motor para formar la personalidad de sus integrantes.
Pero, al contrario de estas afirmaciones, en la actualidad, la familia se ve inevitablemente desplazada por la tecnología. Éstos reemplazan la función que habitualmente deberían realizar los padres hacia sus hijos, el sentarse y entablar una conversación, el compartir momentos con los padres, hermanos, tíos. Quizás, ha sido desplazada, sustituida y hasta tal vez mutilada por factores externos que ponen en riesgo la unidad y los lazos sanguíneos.
Básicamente dicha, como pilar de la sociedad esta en crisis, yendo al vacío y en decadencia a medida que pasan los años, se ve cruelmente arrebatada en su derecho de imponer educación y valores.
La perspectiva ante esta problemática de entorno sanguíneo es notoria y evidente, el vinculo familiar se vio en transición y transformación a través de los años, y esto afecto al núcleo, principalmente siendo los hijos los mas afectados, siendo evidente esto en la sociedad. Contundentemente paso a ser una comunidad sin lazos fraternales y carentes de valor moral impuesto por los padres y el entorno sanguíneo.
Desde la educación, los valores, el comportamiento y las actitudes son resultado- consecuencia de la base del “pilar de la sociedad”. Si éste se ve afectado, o hecho a un lado es explícitamente la decadencia de la unidad familiar como primera formación social.
El afecto ya no es exclusivamente la única forma de demostración de lazos, el consumismo y los problemas sobrepasan los límites.
Todo entorno se vio transformado, tanto que el matrimonio pasó de ser la unión por amor a una necesidad e inclusive un “negocio” social.
Quizás, por este motivo, las familias actualmente carecen de esa tan ansiada valorización social, ya no existe la reciprocidad de amor, sino el negocio y el lucro del matrimonio.
Si tan solo el matrimonio no fuera considerado como algo rentable, un negocio mutuo o a ultimas instancias, la necesidad de unión por concebir un hijo, la sociedad se vería mas digna, mas sincera, ya que el producto de estas uniones siempre se ve afectado y pagando las consecuencias de los actos de seres que, irresponsablemente, consideran que los enlaces matrimoniales son necesarios para mantener un apellido, una jerarquía, una necesidad de unión por algún motivo exterior, que no sea exclusivamente el amor.
La unión conyugal ha perdido valor, identidad, e inclusive ya no es una base para la formación personal, los matrimonios del siglo XXI, ya no son por amor, sino por necesidad o negocio.
No hay que generalizar, por supuesto. No todas las uniones resultan mal, pero los resultados son distintos, desde que el consumismo abarco la vida de todas las perspectivas son distintas, y las prioridades son distintas.
El matrimonio y la familia no deberían de ser tomados tan a la ligera, tendrían que ser considerados como parte principal del desarrollo de la vida de cada ser humano, de cada individuo que necesita un apoyo principalmente de los padres para formarse personalmente en la vida.
El amor y la conciencia harían que estas entidades no pasen de ser lo que un día fueron, del pilar de la sociedad, la familia como matrimonio, a una necesidad de status por problemáticas sociales.
Los individuos que somos ante todos, somos productos de donde venimos. El matrimonio no es un negocio social, sino la unión por amor, para crear y criar individuos que crecen con amor familiar sobresalientes en la vida.